En Madagascar, en el corazón de una plantación de vainilla, los trabajadores recogían cada día las preciosas vainas destinadas a la exportación. Durante años, el trabajo siguió su curso, hasta que ocurrió un hecho milagroso: una sola hoja dio origen a varias vainas a la vez. Su fragancia recordaba a la vainilla, pero con una intensidad jamás percibida — un aroma puro, profundo y poderoso, como si la propia flor desbordara de vida.Los empleados, maravillados, conservaron aquella hoja única y la convirtieron en un amuleto, respirando su aroma hasta el final de su floración. Décadas más tarde, la casa Mélina Parfums logró capturar esa esencia rara y la bautizó como “Double Vanille”, en homenaje a esa dualidad aromática, donde dos notas de vainilla se entrelazan en una concentración perfecta.