
Piel sensible
RESUMEN DE CONTENIDOS
PIEL SENSIBLE: ASPECTOS CLAVE
- Estado de la piel que destaca, p. ej., por rojeces, quemazón, picor, sensación de tirantez o descamaciones.
- La piel reacciona a leves irritaciones con un enrojecimiento (rojez) y existe una tolerancia muy baja a la luz UV y el sol.
- Con frecuencia, la piel sensible es poco grasa o seca.
- Las reacciones inflamatorias desempeñan un papel clave.
- El cuidado de la piel sensible es poco irritante, calmante y antiinflamatorio.
Cuidado dermatológico de la piel
Piel sensible: síntomas e indicios típicos
La piel sensible o hipersensible no es un tipo de piel en sí, sino un estado de la piel que se caracteriza por diversos factores externos o internos. Los estudios concluyen que hasta el 50 % de las mujeres y casi el 44 % de los hombres describirían su piel como sensible. Las personas aquejadas de piel sensible mencionan, por ejemplo, los siguientes síntomas:
- Rojeces, picor, quemazón, ronchas, pápulas, piel seca y descamaciones tras aplicar productos de cuidado
- Aparición de acné tras el uso de determinados productos de cuidado
- Rápida aparición de quemaduras solares incluso tras una breve exposición al sol o también el desarrollo de una alergia al sol
Por lo general es una autoevaluación la que lleva a la conclusión de una piel sensible, pues no siempre es posible identificar factores o desencadenantes claros que puedan provocar los síntomas mencionados. Se trata más bien de un valor derivado de la experiencia. Tampoco puede descartarse que la piel sensible sea una consecuencia de unos cuidados incorrectos o inadecuados. No obstante, en la piel hay indicios que son típicos de la piel sensible si se observan objetivamente:
- Mayor pérdida de agua transepidérmica
- Piel seca y deshidratada
- Reacción aguda a sustancias irritantes
- Mayor reacción del sistema inmunitario
¿Qué es la barrera cutánea?
La capa superior de nuestra piel es el estrato córneo. Su estructura recuerda a una pared de ladrillos: en ella se agrupan las células córneas de la piel como si fueran ladrillos y los denominados lípidos de barrera las mantienen unidas. De este modo, a partir de las células córneas y los lípidos de barrera, se forma la barrera cutánea.
Gracias a su estructura, la barrera cutánea es estable e impermeable. Las células córneas se encargan de la estabilidad y los lípidos de barrera de la protección frente a una excesiva evaporación del agua (pérdida de agua transepidérmica).
Por tanto, una barrera cutánea intacta es la base de una piel sana y protegida de los factores externos. Por el contrario, una barrera cutánea alterada será susceptible a los factores externos y además estará seca, deshidratada y sensible.
Piel sensible: causas y factores típicos
Con frecuencia, las causas de la piel sensible están relacionada en cierto modo con el estado de nuestra barrera cutánea. Si la barrera cutánea está alterada, pueden producirse los siguientes problemas:
- El agua entra en la piel, pero no se puede retener ahí y vuelve a evaporarse hacia fuera. Esto vuelve la piel seca y deshidratada pese a los tratamientos de hidratación.
- La piel con una barrera cutánea alterada tiene menos protección frente a las influencias externas, por lo que algunas sustancias puedan entrar en la piel más fácilmente, incluso en zonas especialmente sensibles. Esto provoca una irritación de la piel que causa inflamaciones, rojeces y la activación del sistema inmunitario.
Otros factores que contribuyen a una piel sensible
- Sustancias irritantes
- Alérgenos de contacto
- Hinchazón del estrato córneo, p. ej., por baños o duchas largos y/o frecuentes
- Alteración del valor pH de la piel
- Factores psíquicos
- Factores medioambientales, p. ej., cambios de temperatura o la contaminación
- Radiación UV
El cuidado de la piel sensible
Lo primero es eliminar en la medida de lo posible las sustancias irritantes a la hora de cuidar tu piel. Estas pueden ser, por un lado, las típicas sustancias irritantes como el perfume, las fragancias, los aceites esenciales o el alcohol. Pero algunos productos de cuidado (p. ej., según la concentración) también pueden provocar problemas en pieles sensibles. Por lo tanto, si tienes la piel sensible, debes probar con prudencia si los toleras o incluso evitarlos por completo:
Estas sustancias pueden tener un efecto irritante en la piel sensible
- Ácidos frutales como el ácido glicólico, el ácido mandélico o el ácido láctico (AHA)
- Ácido salicílico (BHA)
- Retinoides
- Urea
- Sodium Lauryl Sulfate und Sodium Laureth Sulfate
- Vitamina C
- Vitamina E
- Lanolina
- Propilenglicol
La limpieza de la piel sensible
Para la piel y la barrera cutánea, la limpieza es un paso crítico de la rutina de cuidado. Si la limpieza es demasiado intensa o las sustancias limpiadoras son demasiado agresivas, esto puede alterar considerablemente la barrera cutánea. Por lo tanto, para la limpieza de la piel sensible debe aplicarse la siguiente regla: tan poco como sea posible y tan frecuente como sea necesario.
Si tu piel no se engrasa durante la noche, por la mañana límpiala solo con agua a temperatura templada y prescinde de los productos limpiadores. Por lo general es suficiente con una limpieza al final del día. Para ello, utiliza un producto limpiador suave con pH neutro, por ejemplo, aceite limpiador, bálsamo limpiador, leche limpiadora o loción limpiadora.
Por cierto: dado que los productos limpiadores se eliminan de la piel lavándolos, no suele haber ningún problema en que contengan, por ejemplo, vitamina E (INCI: tocoferol, acetato de tocoferilo). Siempre que no permanezca en la piel, el contacto es tan mínimo que no es de esperar que se produzca ninguna irritación. No obstante, en este caso también conviene probar la tolerancia de cada persona.
La exfoliación en la piel sensible
En el caso de la piel sensible no deben utilizarse exfoliantes químicos, físicos ni enzimáticos.
Los sérums en la piel sensible
Lo ideal es que, si tienes la piel sensible, utilices el menor número posible de productos limpiadores, pues cualquier producto tiene el potencial de provocar una irritación de la piel. No obstante, quien conozca bien su piel y ya utilice una crema hidratante que tolere bien, puede integrar un sérum calmante con pantenol, alantoína, bisabobol, extracto de té verde o betaglucano.
El tratamiento hidratante en la piel sensible
Con frecuencia, las cremas y productos hidratantes para pieles sensibles tienen una fórmula bastante minimalista. El objetivo es cuidar la piel, calmarla y reforzar la barrera cutánea. Para ello, utiliza cremas sin perfume ni sustancias irritantes. También deben evitarse en lo posible las sustancias anteriormente mencionadas, aunque siempre depende también del contexto y la respectiva concentración. Por lo tanto, hay que probar siempre la tolerancia personal de las cremas hidratantes.
Protección solar y cremas solares en la piel sensible
En ocasiones, los filtros solares sintéticos o químicos pueden desencadenar una reacción de la piel sensible. No obstante, deberías probarlos personalmente y, en caso necesario, pasarte a las cremas solares con filtros físicos como el dióxido de titanio o el óxido de cinc. En cualquier caso, no debes prescindir de un protector solar, ya que la piel sensible reacciona con facilidad a la radiación UV y esto puede influir negativamente en su estado.
Preguntas frecuentes acerca de la piel sensible

Sobre el autor
Sarah Schunter, doctora en bioquímica
«Quien entiende cómo actúan las sustancias cosméticas, ya ha dado el primer paso para un cuidado efectivo de la piel», explica la doctora en bioquímica S. Schunter. Es doctora en bioquímica y le encanta desentrañar las listas de sustancias de los productos cosméticos, que a menudo son crípticas. Descubre qué es lo que llevan y qué efecto tienen. Sarah señala convencida que con estos conocimientos se puede determinar el cuidado adecuado para cada tipo de piel y para cada afección cutánea.
Otros temas sobre el cuidado de la piel:
Bibliografía
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- Williams S et al., Prävalenz „fettiger“, „trockener“, „normaler“ und „empfindlicher“ Haut in Deutschland. 2005, JDDG 3:161
- M. Kerscher, Dermatokosmetik; Steinkopff Verlag, 2009; DOI https://doi.org/10.1007/978-3-7985-1739-4

















